BREAKING NEWS
.

martes, octubre 13, 2015

MORENA, el fallido proyecto político de AMLO en Quintana Roo

Fabiola Cortés Miranda

Aunque el periodismo está lejos de ser un oficio objetivo, y más aún, una ciencia, (a pesar de que la UNAM extienda títulos como el de Licenciado en Ciencias de la Comunicación); procuro, en la medida de mis limitaciones, ser objetiva.

En esta ocasión, adelanto, seré más bien subjetiva, porque hablaré de un asunto que conozco personalmente, y desde adentro.

La primera vez que me afilié a un partido político, le di el beneficio de la duda al Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), fue el 10 de noviembre del 2013, durante la Asamblea Constitutiva, donde apenas unos minutos antes de las 12 del día, con un gran esfuerzo, se logró reunir a las tres mil personas que se necesitaban para validar la asamblea; requisito indispensable para la formación del nuevo partido político de Andrés Manuel López Obrador.

Igual que sucede en todos los partidos políticos, a la Plaza de Toros de Cancún llegaron personas por propio pie, y cientos más que fueron llevadas por las bases de los ‘impulsores del cambio verdadero’, es decir, acarreados. Gente que por una o por otra no tenía recursos para asistir a la Asamblea, como los militantes obradoristas de los municipios mayas de Quintana Roo.

Al final MORENA se constituyó.

Desde principios del 2014 comencé a participar activamente en el comité de Solidaridad (Playa del Carmen) de MORENA. Pero conforme pasaban las semanas y los meses, me parecía que el nuevo partido de López Obrador era idéntico a cualquier otro: con la misma lucha intestina de poder, con el agandalle de los que creen que se merecen ostentar los cargos, con la ambición de los que esperan que les sea devuelta “la inversión” que han hecho y lo que han gastado; y con un pie en primera fila de ex perredistas de dudosa reputación como Ricardo Velazco, Latifa Muza y ahora Rafael Quintanar y Sergio Flores, ultra perredistas, vividores de los recursos públicos .

Al frente de MORENA en Quintana Roo está Rafael Marín Mollinedo, primo del célebre chofer de AMLO, Nicolás Mollinedo, y quien ahora, gracias al poder de su ex jefe se convirtió en director de Recolección y Tratamiento de Residuos Sólidos en la delegación del “inmaculado” Ricardo Monreal Ávila. 

Marín Mollinedo, el hombre cercanísimo de López Obrador, deja hacer y deshacer dentro del partido, observa cómo los demás se desgastan mientras teje su estrategia; la que le conviene a su jefe. Trabaja desde el café, por lo bajito, y pocas veces se aparece en las reuniones de Comité; pocas veces se ve, no su "Tsurito", sino una imponente camioneta Lobo con vidrios polarizados llegar. Pero él es el que decide; según sus propios intereses.

Ese es el MORENA de López Obrador, el partido renovado, el de los “nuevos hombres”, el de los honestos, el de los que quieren el cambio en el país, el de los que quieren que se bajen los que están para subirse ellos y hacer lo mismo: robar, robar, saquear, saquear; solo que envueltos en un perverso disfraz de moral, de ética y de valores.

Sí, hay miles de personas que se creen el discurso de la anticorrupción, de la “honestidad valiente”, que aman a este país que se cae a pedazos; que tienen buenas intenciones, incluso, dentro del propio MORENA. Desafortunadamente no son los dirigentes y nunca les permitirán pasar de la última silla. 

Pero para ellos, MORENA no es la opción. 

MORENA es el partido de la antidemocracia; disentir no se vale, de acuerdo a los estatutos que pueden interpretarse siempre a conveniencia. En el partido de López Obrador no se permite una corriente crítica, todos se alinean, o se van, por voluntad o por marginación. Detrás del disentimiento está el sospechosismo, si se critica se es enemigo, un ‘adversario que tiene el propósito de debilitar al partido’.

Frases como “al Licenciado López Obrador no le gusta que andemos con chismes”; “Obrador no le hace caso a los inconformes”;  “no puedes mostrar pancartas de desacuerdo porque se molesta”; eran algunos de los comentarios cuando alguien tenía la osadía de cuestionar algo.
  
El artículo 3, inciso j de los estatutos, establece la cortapisa a la libertad de expresión “el  rechazo  a la  práctica  de  la  denostación  o  calumnia pública  entre miembros  o  dirigentes  de  nuestra  organización,  práctica que suele  ser  inducida   o   auspiciada por   nuestros   adversarios   con   el  propósito   de debilitarnos  o  desprestigiarnos.  Si  existen  presunción  o  pruebas  de  faltas  graves  cometidas  por  un/a militante  o  dirigente,  quienes  pretendan  que  se investiguen, y en su caso, sancionen,  deberán acudir a las Comisiones de Honestidad  y  Justicia  Estatal  o  Nacional,  las  que  resolverán  de  acuerdo  a los principios y normas de nuestra organización”

Así es la “democracia” de López Obrador. El que defiende la elección de los protagonistas del cambio verdadero, a través de encuestas que nadie ve, que nadie conoce, ni siquiera los militantes, quienes están obligados a callar, a alinearse; so pena de ser tratados de infiltrados, de reventadores, de tener intereses oscuros.

Unos meses me llevó conocer las entrañas del naciente partido de López Obrador, un partido más, un partido como cualquier otro.

Abandoné el Comité municipal de Playa del Carmen, en abril de 2014, cuando se nombró al ex perredista Ricardo Velazco Rodríguez, como presidente del Consejo Estatal de MORENA, un ex funcionario perredista de Cancún, amigo de la también ex perredista Latifa Muza Simón, señalada por presuntos desfalcos cuando fue presidenta municipal de Cancún, y quien posee una dudosa “concesión” de grúas otorgada y cobijada por gobiernos priistas. La única “virtud” de ambos es que financiaban el proyecto de López Obrador, por lo que no se podía prescindir de ellos. Ricardo Velazco “ganó” el primer cargo ejecutivo en MORENA, Latifa Muza incrustó a su hija Lourdes Cardona, en la lista de plurinominales en las pasadas elecciones.

Las elecciones del pasado domingo, para renovar los consejos distritales de MORENA, evidenció la situación del partido de López Obrador, fundado sobre los mismos cimientos de corrupción y autoritarismo que cualquier otro. Fue imposible la realización de elecciones en Cancún (Distrito 03) y Chetumal (Distrito 02); y en el Distrito 01 de Playa del Carmen, los perdedores impugnarán la elección: las acusaciones en los tres casos: acarreo de perredistas, infiltrado, imposición de candidatos y compra de votos; en una palabra: corrupción.

Ese es el partido de Andrés Manuel López Obrador, que con cada acción se contradice, que cada día no suma, sino que resta; porque a los cínicos ya se les conoce por cínicos, pero a los hipócritas nunca se les acaba de conocer.

Y para no dejar, una muestra más:

El artículo 3, inciso f, de los estatutos de MORENA señala: “No permitir ninguno  de  los  vicios  de  la  política  actual:  el  influyentismo,  el  amiguismo,    el    nepotismo,    el    patrimonialismo,    el    clientelismo,    la  perpetuación en los cargos, el uso de recursos para imponer o manipular la voluntad    de  otras    y    otros,    la    corrupción    y    el    entreguismo.”

Para AMLO ¿no aplica la “perpetuación en el cargo”?

¿Cómo se llama el nombramiento de Nico Mollinedo como director de Recolección y Tratamiento de Residuos Sólidos de la Delegación Cuauhtémoc?. ¿Qué habría pasado si Ricardo Monreal, que es tan honesto, hubiese rechazado el nombramiento?. Obrador no se cansa de dar lecciones en MORENA: él manda, los estatutos no se aplican a sus amigos, y en MORENA todo cambia para seguir igual

NOTA: En la foto, tomada del periódico Quequi; con los dientes afilados, los experredistas Rafael Quintanar (primero de izquierda a derecha); y Ricardo Velazco (tercero de izquierda a derecha), impulsando “el cambio verdadero”.

Publicar un comentario

 
Copyright © 2015 NoticaribeNews Transparencia

Powered by Blogger