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jueves, noviembre 20, 2014

Está bien que el gobierno empiece a tener miedo

Fabiola Cortés Miranda

La cancelación del desfile del 20 de noviembre en la Ciudad de México y en muchos estados, como Quintana Roo, es una muestra de prudencia, pero también de miedo por parte del gobierno.  

La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, terminó de romper la cuerda que desde hace años estaba tensa, y ya no hay límites que pasar, porque se ha llegado al límite; cualquiera acción puede llevar al descarrilamiento del país y a actos más extremos de los que se han visto hasta ahora.

Los que no protestaban empiezan a protestar, los que nunca hablaban de política empiezan a hablar; los que no se quejaban jamás del “sistema”, se empiezan a quejar.

Pero tal parece que los gobiernos no se dan cuenta de la metamorfosis. Continúan creyendo que engañan, que la gente se cree las historias de telenovelas como la de la “casa blanca”; siguen faltándole el respeto a sus gobernados; tratando de inventar realidades que casi nadie está dispuesto a aceptar.

En Quintana Roo, se canceló el desfile del 104 aniversario de la Revolución Mexicana con el pretexto de las “condiciones climatológicas”, del frente frío número 12. Una burla más para la inteligencia hasta de un gato. No hubo ni lluvia ni frío, más allá del que ya empiezan a sentir los gobernantes.

Es bueno que los políticos y los gobernantes abusivos, tengan miedo, el mismo miedo que han sentido miles de mexicanos ante la desaparición de sus familiares, ante las detenciones arbitrarias, ante la represión, ante el hambre, ante la pobreza, ante la incertidumbre en el futuro que sólo está garantizado para la élite en el poder, para unos cuantos.

Muchos queremos que los que nos gobiernan empiecen a sentir miedo, y dejen de pensar  que podrán vivir impunemente, que podrán seguir desfalcando sin medida y sin consecuencias; que podrán salir a la calle con tranquilidad. Muchos queremos, que por primera vez, compartan algo con nosotros, aunque sea el miedo.

Pero el miedo del gobierno no basta porque la reacción no llega. La reacción tras el miedo parece ser la de la negación.

Así lo dejan ver las pueriles explicaciones que se tejen desde la Presidencia de la República y que terminan ahogadas en un mar de burlas e indignación, como lo provocado por la primera dama, la actriz de Televisa, Angélica Rivera con la justificación de la “casa blanca”; o como la idea de su esposo, el presidente Enrique Peña Nieto de que existe una pretensión de desestabilizar el proyecto de nación.

Y esas reacciones absurdas de los gobiernos se están replicando en todos los estados. En Quintana Roo, además de la cancelación por las “condiciones climatológicas” del desfile revolucionario, el gobierno de Roberto Borge ordenó cerrar la Universidad de Quintana Roo (UQRoo) por tres días para evitar la reunión de estudiantes que se organizaban para protestar; el cierre de los campus de la UQRoo se realizó con el pretexto de que las instalaciones serían fumigadas. Los jóvenes respondieron en Chetumal, el campus principal, estableciendo un campamento afuera de su escuela, donde colgaron una manta con la leyenda “aclaratoria”: “no somos plaga, somos estudiantes”…


Parece que ante la completa ceguera y sordera de los gobernantes, no queda más que la reafirmación de lo que es este país, en el que cada quien se reafirma como puede, con una manta, con una pinta, saqueando una tienda o incendiando un palacio municipal.

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