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domingo, mayo 22, 2016

A 150 kilómetros de la bonanza turística de la Riviera Maya está la pobreza extrema

Fabiola Cortés Miranda

PLAYA DEL CARMEN, MX.-A unos 150 kilómetros de Playa del Carmen, pasando Tulum y Cobá, está la entrada a la zona maya, muy alejada de la bonanza, de la cosmopolita Quinta Avenida, de los hoteles cinco estrellas y de la exquisitez  que atrae a millones de visitantes cada año; 15 millones el año pasado, según la estadística oficial.


A Sahcab Mucuy, Chanchén I, Hondzonot, Yaxché, y Chanchén Palmar se llega a través de una estrecha carretera parchada en partes y con baches en otras; no hay transporte público de ningún tipo, como si a nadie le interesara llegar hasta aquí; cuando sus pobladores tienen que salir deben hacerlo por medio de “fletes”, servicios de transporte precontratados por los que deben pagar un alto costo para sus eventuales y magros ingresos; otra manera de salir es hacerlo con el favor de alguien que tenga vehículo.


La economía de estos poblados apenas y respira, ayudada por algunos hoteles que contratan mano de obra indígena la cual mueven todos los días a través del transporte de personal; pero los sueldos que reciben no alcanzan para casi nada, porque ocupan las posiciones más bajas en la escala laboral. La industria familiar de la miel es quizás la forma más desarrollada de economía, pero dependiente siempre de la caprichosa sequía. Para las mujeres solo queda la producción de prendas de vestir, en máquinas bordadoras, ya son pocas las que lo hacen a mano porque no existe un mercado que aprecie el trabajo artesanal. Pero en general, no existe un mercado para nada, para ningún producto. Cuando alguna vez los pobladores se han organizado para realizar alguna siembra colectiva, terminan desilusionados y frustrados porque además de que no existe medio de transporte que los acerque a la ciudad más próxima que es Tulum (60 kilómetros), el gobierno tampoco les ha procurado un espacio público para que puedan vender su mercancía, muy al contrario, les han cerrado las puertas.

La mayoría de mujeres, sobre todo la población adulta, solo habla maya, “la maya” como ellos llaman a su idioma, el cual sigue siendo la principal lengua con la que se comunican los habitantes de esta zona.


Desnutrición, niños de talla tres veces menor a la que debían tener, falta de acceso a la salud y a hospitales de segundo y tercer nivel, marginación cultural y una desatención generalizada mantienen a la población en un atraso que para los pobladores mayas se ha vuelto algo cotidiano, porque llevan demasiados años en el olvido, sin que ni el gobierno estatal ni los municipales se acuerden de ellos.

De la opulencia que se ve en Cancún y la Riviera Maya muchos saben solo de oídas, ni siquiera la han visto; como tampoco han podido conocer las zonas arqueológicas que alguna vez fueron hogar de sus ancestros y para ellos ahora son desconocidas.

Y aunque separados por un par de kilómetros, existe diferencia entre los poblados, por ejemplo, en Sahcab Mucuy, la pobreza es más aguda que en Chanchén I, o que en Hondzonot. Sahcab Mucuy está prácticamente incomunicada, solo un par de personas cuentan con línea telefónica para transmitir mensajes a los demás pobladores, la zona maya no es territorio Telcel. En este poblado, sirvieron más las cajas de las televisoras entregadas por el gobierno federal que los propios aparatos, que permanecen tapados, protegidos del polvo, porque aquí ni señal de televisión existe.  

Desde hace dos semanas, junto con Antonio Ramos, activista social con seis años de trabajo en la zona maya, hemos recorrido varios poblados, con el objetivo de fijarnos una agenda de trabajo. Lo más difícil de las visitas ha sido poner un alto a la arraigada costumbre del pedir. Cualquier persona externa, más si se trata de un candidato o de alguien que abandera una causa social, es vista como un depositorio de peticiones, casi todas de dinero. Las personas miran con escepticismo las propuestas  de crear proyectos productivos en los que se cierre el círculo, es decir, en los que su trabajo termine redituándoles, en los que su trabajo sea el motor de la economía de la zona.  


Pareciera que el gobierno priista de Roberto Borge y el municipal de David Balam se empeñó en marginar aún más a la población maya; si antes tenían la posibilidad de vender sus productos en espacios públicos de Tulum, esa puerta les fue cerrada, como si lo que se pretendiera fuera aniquilarlos.

El gobierno de Roberto Borge también dejó de pagar el convenio con la Secretaría de Salud de Yucatán para que las personas de esta zona sean atendidas, y es que el hospital de Vallaldolid está más cerca y mejor equipado que el de Tulum. Los enfermos de la zona maya de Tulum tienen que soportar los reproches de médicos y enfermeras de Yucatán que les recuerdan que Quintana Roo es ‘rico, y no tiene ni un hospital que los atienda’; un reproche muy cierto. Las casas de salud solo cuentan en el discurso porque algunas no tienen médico y ninguna, medicamentos. La unidad móvil “El Faisán” también carece de lo mínimo, los médicos diagnostican pero dejan a la gente con su problema.

Estos 15 días de recorridos me han dado la certeza de que los habitantes de la zona maya quieren un cambio, están más que informados, politizados, y organizados. En Chanchén I, una joven mujer me sorprende cuando afirma que “dinero sí hay, pero lo que hace falta es transparencia, saber qué se hace con el dinero”. Ella tiene un huerto orgánico y vislumbra como una solución al estancamiento económico dar impulso al turismo comunitario. “Trabajar sabemos, lo que queremos es un poco de ayuda”, comenta.


En las noches, los operadores de la alianza PRI-PVEM-PANAL, que encabeza Mauricio Góngora y que abandera en Tulum a Romualda Dzul, han pasado a las casas regalando triciclos y lavadoras en busca de ganar algún voto. Pero los mayas son gente de palabra, me aseguran, y en esta elección no van con el PRI.

De la mayoría de las casas cuelgan los pendones con la imagen de Carlos Joaquín y de Jorge Portilla; y aunque están firmes y preparados, no descartan que se den brotes de violencia en la jornada electoral ante la desesperación de un PRI que ya siente el barco hundirse: “se necesita que vengan los soldados”, comenta un líder de una célula de apoyo a los candidatos del PAN-PRD; y es que la lejanía con la zona comunicada vuelve a estas poblaciones vulnerables.  

Este sábado concluí, junto con Antonio Ramos, el recorrido de varios días por algunas poblaciones de la zona maya de Tulum. Como candidata a diputada por el PRD, asumí compromisos, no promesas de campañas, y haré hasta lo imposible por no defraudar a quienes han estado marginados del éxito turístico del Caribe mexicano, y han sido relegados siempre.

Este sábado sellamos nuestro encuentro con una comida. En lugar de refresco tomamos agua de fruta, las señoras aprendieron a hacer horchata de avena, con la consabida explicación del valor nutricional que tiene esta bebida. Los hombres, encargados de cocinar la tradicional chicharra, aprendieron a hacer carnitas estilo Michoacán, guiados por Jorge Palestina, un experto en ese arte.



En la zona maya hace falta casi todo, hablando de cuestiones materiales, pero hablando de capacidades, valores y cultura, éstos sobran, solo hace falta respetar e impulsar la dignidad de un pueblo que quiere volver a brillar. 



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