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sábado, octubre 15, 2016

Aquí esperaremos seis meses la respuesta del Gobierno: invasores de Tulum

Fabiola Cortés Miranda

TULUM, MX.- Seis meses es el plazo que se fijó la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI) para dar respuesta a los invasores de los terrenos de Tulum. Aunque seis meses a la intemperie parecen muchos días, las cientos de personas no parecen dispuestas a ceder un centímetro. Su argumento es simple: ya nos cansamos de rentar un cuarto y no tenemos dinero para comprar una casa de 700 mil pesos; dicen.

Junto a los terrenos de Mayazama, sobre la avenida Kukulkán, un grupo de alrededor de 90 personas permanecen dentro de un predio, el cual ya limpiaron de maleza en el que han colocado algunas mesas y sillas; lonas de plástico apenas y los cubren, allí duermen y allí habitan parcialmente, pues muchos siguen pagando la renta de sus viviendas, de donde no han sacado sus muebles ni sus pertenencias, salvo hamacas y ollas para preparar alimentos de forma colectiva.

Ningún político los motivó a entrar a los predios, aseguran, aunque al inicio, alguien al que identifican como Martín Gil Méndez se ostentó como líder de la invasión: “después se fue, cuando vino la primera negociación con el gobierno, y mucha gente se salió; se fueron porque en realidad ellos no tienen necesidad; el dos de octubre llegaron personas que tienen casa, terrenos, hasta hoteles”, aseguran los invasores. “Aquí todos nos conocemos y sabemos quién tiene casa y quién no”.

Si 15 años llevan rentando, seis meses se pasan rápido 

El miércoles pasado, el 12 de octubre, Día de la Raza, llegó a los campamentos Julio Herrera López, sub secretario de la SEDUVI, quien les “prometió” dar una respuesta a su demanda en seis meses.  

Pareciera que la apuesta del gobierno es que se cansen y terminen por irse, pero esa idea no está ni remotamente en el pensamiento de los invasores, que consideran que seis meses se pasan rápido: “aquí nos vamos a quedar”, dicen tranquilamente y convencidos de que así será. “Yo llevo rentando 15 años y ni forma de que me haga de una vivienda”, dice una mujer. “Él ya se quedó sin trabajo, porque aquí está día y noche, pero si así vamos a tener un pedazo de tierra, aquí nos quedaremos; en seis meses que venga el de la SEDUVI y nos diga si nos van a dar aquí o en otro lado”, comenta otra persona.

El IPAE y Roberto Borge, una razón de peso

¿Cómo se enteraron de la invasión?, ¿Quién les avisó que se metieran?, les pregunto.

“Así se empezó a comentar, entre los que nos conocemos, de boca en boca, por whatsapp, que nos metiéramos a los terrenos, y pues nos metimos”, menciona una de las autorizadas para dar información a la prensa.

El gobierno que se fue, el de Roberto Borge dejó un hartazgo total entre la gente, una desilusión que no parece cambiar con el actual gobierno; la población ya no está dispuesta a ver cómo los políticos se llevan todo; a sus oídos llegó la información de los terrenos que vendió Roberto Borge a precios subvaluados, con los que benefició a políticos, empresarios y amigos; con certeza no saben cuántos ni cómo fue que los entregó; solo que es el IPAE el que los vendió o, en sus palabras, los regaló. “¿Por qué nosotros no tenemos derecho a un pedazo de terreno?”, cuestionan. “¿Para qué quiere el gobierno estos terrenos, estos terrenos eran del IPAE, allí había un letrero que decía IPAE, esto no es de Mayazama, porque cuando empezamos a meternos, llegaron vigilantes aquí al lado, que nos dijeron que esos terrenos sí tenían dueño”.


El terreno de al lado, está precintado, con una línea amarilla de plástico. Hombres sin camisa, sin uniforme de guardias, acostados en hamacas, sentados algunos, custodian el terreno, y confirman que ese predio es de Mayazama y que fueron contratados el mismo día que comenzó la invasión para evitar que fuera ocupado.

Entre los invasores existe la convicción de que lo suyo es un acto de justicia, las frases se entrechocan para contar cada uno su situación: “yo pago a mi casero hasta por poner mi puesto en la calle, frente a su cuartería, mil quinientos pesos le doy al mes para que él me deje ocupar la calle, y si no me parece atraviesa su tractor y que yo me vaya”, dice un hombre.

Aseguran todos los que están allí que pasarán la “prueba de fuego”, es decir, la investigación que se supone realizará la SEDUVI para determinar quiénes de los que están allí, efectivamente carecen de un lugar propio para vivir. El martes le entregaron copia de las credenciales del INE a Julio Herrera. Reconocen que hay oportunistas: “el señor que se acaba de ir “El Chivero”, él sí tiene terrenos, y quiere llegar aquí a ocupar un pedazo grande, dice que él va a poner dinero para que nosotros sigamos aquí, a cambio de quedarse con una parte del terreno, pero no lo vamos a aceptar”, comentan los invasores; mientras el sujeto señalado, quien bajó de una camioneta se retira del lugar como si saliera de su casa. En otra invasión "está hasta la hermana del de Derechos Humanos, de Manzanilla Xiu", afirman.

Al frente, en una manta improvisada se lee una petición dirigida al "SR. GOBERNADOR": "QUEREMOS SOLUCIONES A LOS PROBLEMAS SOLICITAMOS SU APOYO PARA OBTENER UN PATRIMONIO PARA NUESTRAS FAMILIAS".

En el campamento que se ubica cerca del panteón, el sentimiento no es muy diferente, allí, ya se tienen registradas, y han entregado copia de su credencial del INE, 650 personas, la mayoría con familia; están organizados en grupos de número variable. Son 54 grupos, y “ya lo cerramos”, dice una mujer, quien llamó antes para pedir instrucciones sobre quién daría información. A pesar del protocolo, asegura que en la invasión no hay líderes, sin embargo, ella es la encargada de recibir los documentos y a quien se dirige cualquiera que busque “un pedazo de tierra”. “Debes tener un grupo, solo así te puedo registrar, en qué grupo estás” le pregunta la mujer a un sujeto que llega a pedir que lo anoten en una libreta para poder ocupar un espacio.

También aseguran que fueron “todos” los que alentaron la invasión: “nos fuimos avisando, de boca en boca, nadie nos mandó, yo vivo allí enfrente, allí rento, y veíamos que este predio está abandonado, lleno de basura, aquí venían a tirar perros muertos; veíamos que en las noches se meten personas y uno ya no puede ni salir, entonces decidimos meternos”, comenta, la mujer a quienes los invasores señalaron como la indicada para dar información.  
Afuera del lugar permanece un elemento de la Policía municipal, está “destacamentado” en la zona, “para cuidar que todo esté en orden”, responde cuando se le pregunta la razón de su presencia.

En la invasión, la vida transcurre como si los hombres, las mujeres, los ancianos y los niños estuvieran habituados a este lugar desde hace tiempo, sin embargo, nadie ha empezado a levantar ni siquiera una habitación endeble, solo hamacas cuelgan de los árboles, protegidas por improvisados techos de plástico. Algunas mujeres llegan de las calles cargando enseres que traen de las viviendas cercanas que siguen rentando. Igual que en el campamento anterior, seguramente mantendrán a sus hijos pequeños y a parte de la familia en los cuartos que aseguran alquilar, mientras se turnan para mantener guardias, a ratos llegarán al lugar y se irán un rato para ir a bañarse a dormir y a hacer sus necesidades fisiológicas. La realidad es que no todos viven las 24 horas en el lugar.

La informante se incomoda cuando se le cuestiona si no hay allí acaparadores de tierra, oportunistas. “eso lo tendrá que investigar la SEDUVI; nosotros solo recibimos las copias de las identificaciones y las entregamos; no preguntamos para no crear problemas; aquí todo es pacífico”.

“Romi (en referencia a la presidenta municipal de Tulum, Romualda Dzul Caamal) ya les está repartiendo terrenos a las lideresas que la apoyaron en su campaña, allá atrás de Las Palmas; mucha gente les dimos copia de nuestra credencial (de elector) y a nosotros nada nos han dado nada; y las lideresas, las activistas, toda esa gente que anda allí ya tiene casa, y quién las cuestiona de porqué les van a entregar otro terreno, quién dice algo, y por qué a nosotros sí nos cuestionan”, expresa en tono un poco molesto la mujer que controla un cuaderno con nombres y grupos de personas. Afirma que no piden cuota para nada, que cada quien se hace cargo de su “pedazo” y que no hay líderes; algo poco creíble.


Afuera del campamento hay varios autos y camionetas estacionadas, algunas son de los mismos invasores, adentro proliferan ya los negocios que proveen refrescos, y cualquier botana para pasar el rato. Una camioneta repartidora de garrafones de agua entra a las improvisadas calles. Las ocho hectáreas ya fueron chapeadas, así de la noche a la mañana, y a sus habitantes no parece incomodarles el plazo de seis meses que fijó la SEDUVI para darles una respuesta.  (NoticaribeNews)

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