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sábado, septiembre 24, 2016

El último día de un tirano. Más que el triste ocaso de un Gobernador

Fabiola Cortés Miranda

A partir del primer minuto del 25 de septiembre, Roberto Borge Angulo dejará de ser el hombre más poderoso de Quintana Roo.

Desde el 5 de junio, cuando se supo condenado, inició su penoso ocaso, el cual decidió vivir cada vez más tiempo en el encierro privado; sin amigos, únicamente rodeado de sus más cercanos cómplices que poco a poco comenzaron a alejarse y que hoy están buscando una tregua para salvarse.


Como nunca durante todo su gobierno, desde el 5 de junio, Roberto Borge se convirtió en el principal foco de atención en el estado: entre los empleados de la burocracia, que son muchos; entre los integrantes de los sindicatos que en mayor o menor medida tienen nexos con el gobierno; entre los políticos de todos los niveles, entre los reporteros y periodistas, entre la gente de a pie que utiliza las redes sociales para opinar, para decir, y para denostar. Desde entonces cayó sobre Roberto Borge la condena.

Los rumores sobre su adicción al alcohol y a las sustancias prohibidas se convirtieron en tema recurrente, que parecía coincidir con su prolongada ausencia de los reflectores y su reaparición con rostro demacrado, ensombrecido. La pesada lápida de la condena social lo está consumiendo, y a partir del primer minuto de este domingo, ya sin fuero, empezará a padecer también el síndrome del perseguido.

Las apuestas van ganando en el sentido de que Roberto Borge no se presentará a cumplir con el protocolo de cambio de gobierno, que para entonces, ya no estará en el estado. La mudanza de Chetumal a Cancún de la ceremonia para conmemorar el aniversario 206 de la Independencia de México es un indicio que refuerza la teoría de la ausencia. Roberto Borge Angulo es el personaje menos querido en Quintana Roo, por no decirlo en sentido contrario: el más odiado.

Las denuncias que se documentaron y se presentaron a través del juicio político  desde la asociación “Somos Tus Ojos Transparencia por Quintana Roo” en contra del casi ex Gobernador y del aún Secretario de Finanzas, Juan Pablo Guillermo Molina, fueron la punta de la madeja desde la que se empezó a jalar para destapar solo dos de los más escandalosos desfalcos orquestados por parte de los que están a punto de quedarse sin fuero: uno, el descomunal desvío de miles de millones de pesos del Impuesto al Hospedaje, dinero que debió dedicarse a un tema de vital para el estado; la promoción turística; y dos, el “remate” de cientos de predios que eran propiedad del estado para dárselos a amigos, políticos, empresarios y familiares, en perjuicio directo de los quintanarroenses.   

A esto se suma el agravio contra posesionarios de Tulum, despojados ilegalmente de su patrimonio y el embargo de cuentas de empresas desde medianas hasta corporativos internacionales como Nestlé, que son constancia del poder absoluto que ejerció Roberto Borge, comparable únicamente al que tenían los monarcas en la Edad Media.    

Explosivo, descontrolado, soberbio, iracundo, ambicioso, voraz, impío, vengativo, absolutista, cínico, amoral; Roberto Borge tiene muchos defectos. En contra parte, los gobernados no le conocimos ninguna virtud…Por eso, desde el 5 de junio inició el festín popular que se ha convertido en festejo “caníbal” cortesía de los actos desesperados de un mandatario enloquecido acompañado de un Congreso sin pizca de dignidad; el paquete de impunidad terminó por envilecer a una sociedad muy agraviada que se “vengaba” a cada acto fallido del Ejecutivo estatal, una sociedad que hacía leña hasta de sus fracasos personales como el abandono de quien fuera su esposa, quien guardó las apariencias y “aguantó” durante casi un sexenio al hoy malquerido.


Roberto Borge sin duda se va, pero el daño dejado en Quintana Roo es tan grande, que no habrá ley que lo salve, y tarde que temprano, los veremos regresar. 

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